La ira

ira¡Hola! ¿Qué tal te manejas con tu ira? ¿Qué relación tienes en la actualidad y has mantenido con ella? ¿La expresas o la reprimes? ¿La vives como algo desagradable?
La ira es una emoción que se dirige hacia el exterior, hacia afuera. No es mala en sí misma, pues es una reacción normal y lógica que surge cuando alguien nos hace algo que consideramos injusto o cuando necesitamos defendernos de un ataque. La rabia y la depresión nunca van juntas, es decir, si una persona está sacando su rabia ya no da lugar a la depresión. En cambio una depresión esconde mucha rabia profunda y para sanarla, la persona tiene que sacar esa ira que tiene reprimida en su interior.
Para tratar la ira, al igual que con todo, tenemos que mantener una visión holística. La ira tiene muchos grados, desde menos intenso a más intenso. Es muy importante expresarla cuando la sentimos, porque esta nos lleva a albergar otras emociones y comportamientos o actitudes desagradables.
Por ejemplo, cuando hay algo que me desagrada, primero puede surgirme un malestar, luego una queja, enfado y finalmente la ira. Si esta ira no la expreso, la energía de esta emoción se queda enquistada y aparece luego el resentimiento, el rencor, el odio e incluso la violencia.
La queja por ejemplo, es otra forma de ira, en un grado distinto, que muchas veces se llega a fusionar con nuestra personalidad. Seguro que has observado que hay personas que siempre se están quejando. Muchas veces este tipo de personalidad de queja, aparece tras el enojo, que nos surge ante una situación de frustración e impotencia, al ver que nuestras expectativas no se cumplen y nos sentimos bloqueados en conseguir algo. Esto da lugar  en la persona a una queja constante, no estamos viviendo como nos gustaría y a la vez no nos atrevemos a cambiarlo. Cuando veamos a una persona iracunda, que salta por nada, esa persona no está saludable, está manifestando un desequilibrio, seguramente en la alimentación, con su energía, sentimiento de frustración, experiencias no resueltas, etc.
Hay 4 tipos de ira:
1. Pasiva: La persona no se enfada nunca, esto en ocasiones puede crearle una depresión a la larga, pues va tragando y no saca.
2. Pasiva-agresiva: La persona no se enfada, simplemente traga, pero saca entonces la ira de forma indirecta a través de sarcasmos, palabras cortantes…)
3. Agresiva: La persona la saca de manera brusca.
4. Asertiva: Es la ideal. La persona saca su enojo sin reprimirlo y sin ser agresivo.

Como ves, es súper importante expresar la ira, y además hacerlo en la forma adecuada. Seguro que te has reconocido en algunos de estos 4 tipos de ira. Ahora si estás en la asertiva, está genial, pero si no, está en tus manos el modificarlo y el dejar de acumular.

Maite Gómez. Higienista en Salud Integrativa.

Test para las situaciones que nos desgastan emocionalmente

incertidumbre¡Hola! ¿Cómo llevas la gestión emocional? ¿Tienes un equilibrio en tus emociones o te suelen arrastrar de tu centro?
La clave de esto es cultivar un estado de presencia, una práctica de atención plena, dejar unos segundos o minutos para que no salga ahí al acecho tu mente reactiva. Esto es cuestión de ir practicándolo.
En muchas ocasiones nos encontramos con ciertas situaciones “conflictivas” en la Vida que nos desgastan muchísimo. Nos provocan mucho sufrimiento mental, emocional y físico. Para evitarlo, aquí tienes unas pautas a realizar, las cuales te ayudarán a ver con claridad y poder así posicionarte y no irte de un lado a otro, como si hojas llevadas por el viento se tratase.
Ante todas las situaciones conflictivas en la Vida, que se nos presentan como un poco o muy encrucijada, tenemos que tener claro lo siguiente:
‘Hay cosas que dependen de mí, otras que son de otras personas y otras que son de la Vida misma’.
Entonces, si hay algo que puedas hacer, hazlo sin más, pero sino, evita pelearte con la Vida o con otras personas, acéptalas tal y como son. Puedes aceptarlo o llegar a acuerdos, cambiarlo o irte. Ten presente que si ello no depende de ti y no lo aceptas o llegas acuerdos, si no cambias o te vas, SUFRES. Tú tienes el poder de querer sufrir o entender que eso no te incumbe, que quizá sea el mensaje o labor para la otra persona o que quizá la Vida tenga algo que enseñarte y ahora mismo es la manera que tiene de mostrártelo.
Para ayudarte a detectarlo, escribe 3, 2 o 1 cosas en las que has invertido tiempo y esfuerzo, intentando cambiar algo, controlar o que sea diferente y te has hecho daño. Una vez las tengas, ahora indaga que necesidad querías cubrir en ti (necesidad de aprobación, de aceptación…) Aplícalo en cada situación que te esté desgastando.
Al principio, quizá te cueste, pero poco a poco con la práctica irás viéndolo con más claridad y por tanto podrás manifestarte con más asertividad en cada una de las situaciones y te liberarás del sufrimiento y desgaste.
Si quieres comentar algún caso o tienes dudas en cómo conseguirlo, sólo tienes que dejarlo abajo en la sección de comentarios.

Maite Gómez. Higienista en Salud Integrativa.

Emociones arrojadas al subconsciente

Emociones-arrojadas¡Hola! ¿Te resuena el título?

Otra forma de decirlo sería preguntándote, ¿Aceptas e integras las emociones en tu Vida o las reprimes y tiendes a olvidar?
A mí me ha costado bastante este tema pues reconozco que me ha faltado una educación emocional. Claro, y es que esto es relativamente desde hace poco, que se está incluyendo aquí en España, en los centros educacionales, colegios y demás y no en todos. Y es que de aquí parte todo este tema, de la ausencia que hemos tenido en materia de gestión emocional.
Con un poco de suerte, quizá tu familia o amigos te hayan ayudado un poco en todo este tema. Y, ¿qué es lo que sucede cuando reprimimos, olvidamos y demás? ¡Pues que luego sale tipo explosión una bomba de relojería! Y el tema es que cuando somos pequeños, realmente viene con nosotros el expresarlas pero poco a poco, vamos aprendiendo a reprimirlas, a ser niños buen@s, es decir a dejar de ser seres auténticos, nosotros mismos y luego adivinad que sucede. Pues que llega la adolescencia y ‘TACHAAAAN”, sale todo. Sale la ira (y afortunados aquellos que consiguen sacarla), sale la rabia y demás.
Ahora mismo recuerdo una escena en que estábamos llenando garrafas de agua en un manantial y a mi madre le picó una avispa. Nadie de los que estábamos allí nos dimos cuenta, ya que ella no dijo nada. Nos enteramos cuando luego buscaba barro para calmarse el dolor. Sí, sí, y yo me reconozco tanto, porque yo he actuado así muchas veces, ¿Lo veis no? , así es como se transmiten ciertas cosas.

¡Bueno que le vamos a hacer! Una vez somos conscientes de esto, es cuestión de conectarnos con nuestro cuerpo, con nuestros sentimientos, nuestras emociones y permitirnos fluir pues esas emociones que no has expresado están en tu interior. ¿Y sabes cómo se almacenan allí? En forma de emociones congeladas. Olvidamos la emoción a nivel mental, pero la enterramos en nuestro cuerpo. Y esas zonas que se caracterizan por estar tensas y doloridas, es la energía estancada de la emoción no expresada. En estas zonas la energía no fluye igual, ni tampoco la sangre, hay como un estancamiento. A veces, el propio cuerpo intenta curar dichas zonas aumentando la afluencia de sangre y de energía, apareciendo entonces la inflamación. Pero si luego, vamos y tomamos algún medicamento, químico o natural, para bajar la inflamación impedimos que el cuerpo logre su cometido.
Las emociones no expresadas son generadoras de muchísimos desequilibrios, patologías y enfermedades, ya que el cuerpo psicomatiza.
Así que hay que ponerse manos a la obra y sacar, expresar, exteriorizarlas e intentar no seguir acumulando. Hay muchísimas maneras que nos facilitan esta labor. La elección depende de cada uno, del ritmo, desde qué punto quiera abordarlo, de cuánto quiera sacar, de su compromiso y responsabilidad. Mi campo, como algún@s ya sabéis, abarca todo lo que nos conforma. En ello incluyen también las emociones y mucho más. ‘El programa de Limpieza del Organismo’, que dispongo, te despeja el camino para acceder a esas áreas, de hecho las toca todas.

Maite Gómez. Higienista en Salud Integrativa.